miércoles, 22 de mayo de 2019

CONSTRUCCIÓN VACÍA



Una ventana recorta el cielo donostiarra.
Metal de Oteiza y azul difuminado.

Como un recortable se alza la figura sobre un mar que no está.

Mientras tanto los niños juegan con sus sombras frías y tocan
y se mueven, partiendo en dos la escena.

"Construcción Vacía"
Jorge Oteiza
Paseo Nuevo
San Sebastián

http://www.esculturaurbana.com/paginas/ote001.htm

sábado, 11 de mayo de 2019

EL OJO DEL TAMARINDO







Lo que sabía del TAMARINDO es que se trata de un fruto tropical muy usado en la cocina asiática y latinoamericana.

Yo principalmente lo he tomado como AGUA DE TAMARINDO y como PALETAS DE TAMARINDO, que es agua congelada. Delicioso.

Además es un fruto con muchas propiedades saludables entre las que destaco  que es calmante y anti inflamatorio y además contribuye al colesterol bueno y la presión arterial.

Sin embargo en Donosti he podido mirar a través de un TAMARINDO, el tipo de árbol que encontramos en la Plaza de Alderdi Eder, junto a La Concha y al Ayuntamiento.

¿Y qué es lo que he podido ver a través de su particular tronco? pues la barandilla emblemática de La Concha y el mar, ni más ni menos.

Este ojo alargado que nos regala el TAMARINDO de forma caprichosa se ha convertido en un punto de mira, en un encuadre único que aporta a la visión materia y textura.




Si abrimos el foco podemos ver acción, tal vez algunos paseantes que van y vienen disfrutando del paisaje que ofrece la bahía.

Aunque se acepta el nombre de TAMARINDOS son en realidad TAMARICES. Resulta que son resistentes a los vientos y a la sal del ambiente marino. En esta plaza fueron plantados en el año 1885 y requieren de podas asiduas pero no radicales según dicen los expertos.

Cierto día que andaba por allí una amiga se pegó en la cabeza con una de sus gruesas ramas retorcidas y leyendo algunos artículos resulta que hay cierta polémica con este tema. Y sí, hay que tener cuidado y no despistarse cuando uno pasea por aquí pero no por ello se debe cambiar este fantástico entorno.

En esta época del año su parte verde apenas empieza a aparecer pero en un par de meses estarán tupidos, en pleno esplendor para volver a fotografiarlos.





De algunos ejemplares han tenido que ser unidas las bifurcaciones de sus troncos y duele verlos retenidos por gruesos hierros y tornillos pero sin ellos se abrirían como los pétalos de una rosa que empieza a marchitarse.

Aún así son muy bellos y parecen esculturas naturales.
Yo invito a que no sólo se camine por el paseo de La Concha sino que se dediquen unos minutos a adentrarse entre estos árboles.